La psoriasis 10 Recetas esenciales ¿Qué es la psoriasis?
La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que se produce cuando las células cutáneas se multiplican y acumulan con mayor rapidez de lo normal en la superficie. Como consecuencia, aparecen placas gruesas, enrojecidas y cubiertas de escamas plateadas.
Las placas de la psoriasis pueden surgir en cualquier parte del cuerpo, aunque son más frecuentes en rodillas, codos, cuero cabelludo, manos, pies y espalda. Estos parches pueden variar de tamaño y, además de resultar antiestéticos, generan molestias e incluso dolor.
Aunque la psoriasis no tiene cura definitiva en la actualidad, existen tratamientos médicos y alternativas naturales que ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
Causas y factores que influyen en la psoriasis
No se conoce con exactitud el origen de la psoriasis, pero se sabe que está relacionada con un mal funcionamiento del sistema inmunológico. Diversos factores pueden influir en su aparición o desencadenar brotes:
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Predisposición hereditaria.
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Infecciones cutáneas.
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Faringitis estreptocócica.
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Lesiones en la piel (cortes, quemaduras, picaduras).
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Estrés prolongado.
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Dieta pobre y desequilibrada.
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Clima frío.
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Consumo de ciertos productos.
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Algunos medicamentos.
Es importante aclarar que la psoriasis no es contagiosa. El contacto con las placas no provoca su propagación a otras personas ni a otras zonas del cuerpo.
Los síntomas pueden alternar entre periodos de mejora y fases de empeoramiento, algo habitual en quienes conviven con la psoriasis.
Microrrelato: Geminia y Mateo, un remedio para cada caso.
La puerta de mi casa se abrió con un roce tímido, y allí apareció Mateo, el hijo de mi vecina Elena. El muchacho, siempre tan alegre, traía la mirada baja y las mangas de la camisa abrochadas hasta las muñecas, a pesar del calor que ya apretaba. «Geminia —me dijo con la voz quebrada—, mi piel ha vuelto a enfadarse. Siento que me pica el alma y me da vergüenza hasta que me dé el aire». Al ver sus manos, vi las placas rojas y plateadas de la psoriasis, que se extendían como un mapa de sequedad y fuego por sus codos y cuello.
Lo hice sentar a la sombra de la parra. «No tengas vergüenza, Mateo, que tu piel solo está intentando ir más rápido que el tiempo», le dije con suavidad. Fui a la alacena y saqué el aceite de aguacate que prensamos el mes pasado, verde y espeso, y un poco de bicarbonato de sodio.
— «Primero, vamos a refrescar el incendio», le expliqué mientras aplicaba unas compresas frescas con el bicarbonato sobre sus placas. Vi cómo sus hombros, antes tensos por el picor, empezaban a bajar. «Y ahora, este aceite le dará a tu cuerpo la humedad que ha perdido. Es como la lluvia para la tierra sedienta».
Mientras le aplicaba el bálsamo, le hablé de la importancia de caminar un rato bajo el sol suave de la mañana y de no pelearse con su propio cuerpo. Mateo se marchó con un frasco de aceite y una sonrisa nueva. «Recuerda, hijo», le grité desde la puerta, «que la psoriasis no es quien tú eres, es solo un aviso de tu piel pidiendo un poco de paz y mucho cariño». Aquella noche, por primera vez en semanas, el muchacho durmió sin rascarse, bajo el amparo de la calma que solo la naturaleza sabe dar.
Tratamientos naturales para la psoriasis
Además del tratamiento médico indicado por un especialista, muchas personas recurren a opciones naturales para aliviar la psoriasis y reducir la inflamación:
Dieta recomendada para la psoriasis
Una alimentación equilibrada puede ser clave en el manejo de la psoriasis. Se recomienda:
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Consumir suficiente fibra (avena, frutas, vegetales crudos y legumbres).
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Incluir pescado azul como salmón o caballa dos veces por semana por su aporte de ácidos grasos esenciales.
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Incorporar linaza molida (1 a 2 cucharadas diarias), acompañada de abundante agua.
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Beber un vaso de agua cada dos horas para favorecer la eliminación de toxinas.
Conviene evitar leche, pollo y carnes rojas en exceso, frituras, comida ultraprocesada y productos con alto contenido de azúcar refinada. En algunas personas, el gluten y los cítricos pueden agravar la psoriasis.
Sábila para aliviar la psoriasis
El aloe vera posee propiedades calmantes y antiinflamatorias que pueden aportar alivio en casos de la psoriasis. Se puede aplicar el gel fresco directamente sobre la piel afectada o consumir jugo de aloe vera preparado, asegurándose de su correcta higiene antes de usarlo.
Cardo mariano
El cardo mariano es conocido por su acción depurativa hepática. Algunas corrientes naturales lo recomiendan como apoyo complementario en el tratamiento integral de la psoriasis, ya que ayuda a reducir la proliferación celular.
Recetas tradicionales para aliviar la psoriasis
Existen remedios caseros que pueden ayudar a mejorar la apariencia y las molestias asociadas a la psoriasis, enfocándose principalmente en la hidratación profunda y el alivio de la inflamación.
Aceite de aguacate
El aceite de aguacate es un excelente humectante natural, rico en ácidos grasos y vitaminas que penetran en las capas más profundas de la dermis. Mantener la piel hidratada con este elixir puede reducir significativamente la descamación y la tirantez asociadas a la psoriasis, devolviendo la elasticidad a las zonas donde la piel se siente más rígida y castigada.
Microrrelato del Rabino del zoco y el aceite:
El hombre llegó al zoco con las manos ocultas bajo un pañuelo de lino. Caminaba despacio, como si cada paso pesara más que el anterior. Yo ya lo había visto antes; no hacía falta que dijera nada.
—Shalom, Rabino… —murmuró, evitando mirarme directamente.
Le invité a pasar. Dentro, el aire olía a resina y hierbas secas. Cerré la puerta para dejar fuera el murmullo del mercado. Entonces retiró el pañuelo. Sus codos estaban cubiertos de placas enrojecidas, la piel tensa, quebrada como tierra en sequía.
No hice gesto de sorpresa. La piel habla cuando el alma guarda demasiado.
Tomé un frasco de aceite de aguacate macerado con caléndula y unas hojas de sábila recién cortadas. Mientras trituraba el gel en el mortero, le hablé con calma.
—Esto aliviará la piel. Pero también deberás aliviar tu carga.
Le expliqué cómo aplicar el remedio por la noche, cubrir la zona con lino limpio y dejar que la piel respirara sin prisas. Le recomendé infusión suave para templar el cuerpo y descanso para templar el espíritu.
El hombre suspiró, como si alguien hubiera abierto una ventana invisible.
—¿Se irá del todo? —preguntó.
Sonreí apenas.
—Habrá días claros y días nublados. Nosotros trabajaremos para que los claros sean más largos.
Le entregué el frasco. Al salir, ya no ocultaba las manos. Y mientras el zoco volvía a envolverlo con sus voces, pensé que a veces el primer remedio no es el aceite… sino sentirse mirado sin juicio.
Bicarbonato de sodio
Este es un remedio clásico para calmar la irritación. Al mezclar 1 ½ tazas de bicarbonato en 3 galones de agua y aplicar con un paño suave sobre las placas, se consigue un efecto refrescante que puede aliviar la intensa sensación de picor provocada por la psoriasis. Es una forma sencilla de invitar a la piel a dejar de «arder» de forma natural.
Compresas de vinagre de manzana
El vinagre de sidra de manzana ayuda a equilibrar el pH de la piel. Una solución de este vinagre y agua tibia puede aplicarse en forma de compresa durante 30 a 60 segundos. Esta práctica ayuda a disminuir la molestia y la sensación de quemazón en zonas afectadas por la psoriasis, actuando como un suave tónico que calma la reactividad cutánea.
Oclusión nocturna con humectante
Para los casos donde la sequedad es extrema, la técnica de oclusión es muy efectiva. Cubrir las zonas afectadas con plástico tras aplicar una crema hidratante generosa o un aceite natural puede mejorar drásticamente la absorción. Este «baño de humedad» prolongado ayuda a suavizar las placas y a aliviar la sequedad típica de la psoriasis mientras el cuerpo descansa.
Vitamina D y psoriasis
La relación entre la nutrición y la piel es fundamental. Algunas personas experimentan mejoría en la psoriasis al aumentar sus niveles de vitamina D, conocida como la vitamina del sol. Una exposición solar moderada, de apenas unos minutos en horas suaves, puede ser muy beneficiosa. Sin embargo, siempre debemos evitar los excesos que puedan desencadenar nuevos brotes y es recomendable consultar con un profesional antes de tomar suplementos para acompañar el proceso de la psoriasis de forma segura.
Psoriasis en el cuero cabelludo
Aproximadamente la mitad de las personas con esta afección presentan la psoriasis en el cuero cabelludo. En esta zona, la rápida renovación celular produce placas gruesas y una descamación visible que suele resultar muy incómoda.
Aceite de oliva para suavizar
El aceite de oliva es un aliado milenario. Aplicar aceite de oliva tibio sobre el cuero cabelludo ayuda a suavizar las escamas de forma respetuosa. Esto permite retirarlas suavemente con un peine de púas finas, evitando siempre forzar la piel para no causar pequeñas heridas o infecciones asociadas a la psoriasis capilar.
Compresas frías y alivio inmediato
Cuando el picor se vuelve insoportable, el frío es el mejor calmante. Las compresas frías aplicadas localmente pueden disminuir el picor y la inflamación de manera inmediata en casos de la psoriasis capilar, ayudando a que los vasos sanguíneos se relajen y la zona se desinflame.
Champú de alquitrán de hulla
Este es uno de los remedios más antiguos y efectivos. El alquitrán de hulla ralentiza el crecimiento acelerado de las células cutáneas, ayudando a que el ciclo de la piel vuelva a la normalidad. Por su eficacia demostrada, muchos especialistas lo recomiendan para controlar los síntomas más persistentes de la psoriasis del cuero cabelludo.
Microrrelato de Takoda y la hulla. El alquitrán que calma la tierra seca
Takoda encontró a Runa sentado al borde del arroyo, con la cabeza inclinada y las manos apoyadas en las rodillas. El cuero cabelludo se le veía enrojecido, con placas gruesas y secas que se descamaban como corteza vieja. No era la primera vez que la psoriasis volvía a visitarlo: llegaba sin aviso, se instalaba y traía consigo ese picor constante que no dejaba dormir ni pensar con claridad.
Takoda no habló de inmediato. Se sentó a su lado, recogió un puñado de agua fría y la dejó correr entre los dedos. Luego sacó del morral un tarro pequeño de barro cocido. Dentro había un champú espeso y oscuro que había preparado días atrás: alquitrán de hulla mezclado con jabón de ceniza suave y unas gotas de aceite de caléndula que la abuela Lira le había enseñado a usar para templar la fuerza del alquitrán.
Apoyó una mano en la tierra húmeda junto al arroyo y respiró hondo.
“Hermano alquitrán de hulla —susurró—, has nacido del fuego lento de la tierra. Te pido permiso para usar tu calma oscura con Runa. No para pelear contra nada, sino para recordar a su piel que puede volver a estar en paz. Gracias por estar aquí.”
Runa levantó la mirada, cansado pero sin resistencia.
Takoda mojó sus manos en el arroyo y luego tomó un poco del champú. Lo extendió con suavidad sobre el cuero cabelludo de Runa, sin frotar fuerte. Solo masajeó con las yemas, dejando que la mezcla oscura se deslizara entre las placas, envolviéndolas como una capa protectora.
—No es para quitar de golpe —le dijo en voz baja—. El alquitrán de hulla ralentiza lo que va demasiado deprisa. Ayuda a que las células de la piel recuerden su ritmo natural. El ciclo se calma, la inflamación baja y el picor se hace más pequeño.
Runa cerró los ojos. Al principio sintió el calor oscuro y denso, pero poco a poco se volvió fresco, como si el alquitrán llevara dentro la memoria del arroyo. El picor no desapareció del todo, pero dejó de gritar. Se volvió un murmullo que se podía soportar.
Takoda continuó el masaje con lentitud, dejando que el preparado actuara. Luego le ayudó a aclarar con agua del arroyo, sin prisa.
—Hazlo dos o tres veces por semana —le dijo—. Deja que actúe unos minutos antes de enjuagar. La piel se irá suavizando. No es magia. Es paciencia. Y la tierra ya sabe cómo cerrar lo que se abre.
Runa se pasó la mano por la cabeza. Las placas seguían allí, pero ya no se sentían tan duras. El cuero cabelludo respiraba mejor.
—Gracias, Takoda —murmuró—. Pensé que tendría que acostumbrarme al picor para siempre.
Takoda negó con la cabeza, suave.
—No. El cuerpo no está hecho para acostumbrarse al dolor. Está hecho para recordar la calma. Solo necesita que alguien le ayude a escucharla.
Se quedaron un rato más en silencio, mirando el agua correr.
El alquitrán de hulla no prometió curar todo de golpe. Solo acompañó.
Y la piel, poco a poco, empezó a recordar que sabía cómo estar en paz.
Recomendaciones adicionales
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Utilizar agua tibia y jabones suaves con aceites naturales.
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Añadir avena en polvo o sales de Epsom al baño.
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Tomar breves baños de sol varias veces por semana, con precaución.
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Aplicar humectantes a diario, como vaselina o manteca vegetal.
El manejo adecuado y constante puede marcar una gran diferencia en la evolución de la psoriasis, ayudando a reducir los brotes y mejorar el bienestar general.
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